Ahora que muchas películas parecen videoclips estirados y entrecortados, cuando en muchas ocasiones a los actoers se les exige poco en compensación de los excesos de la técnica, es reconfortante ver escenas como ésta, de Harold Lloyd, que aportan tal tensión dramática sin hablar que uno se queda, en efecto, mudo como la cinta misma.
Espectacular esta escena del Reloj de Harold Lloyd. Muy buena idea en su día... de 1923. Ahí es nada, casi un Siglo. Creo que buena idea también recordarlo (modestia a parte ejem...)